El matrimonio y la vida familiar fueron el plan de Dios para la humanidad desde el principio.
Creó al hombre y a la mujer "a su imagen y semejanza" (Gn 1,27) y luego les confió la misión de multiplicarse y llenar la tierra (cf. Gn 1,28) en células básicas de familias.
Más tarde, Dios envió a su hijo Jesús al mundo como un bebé nacido en el seno de una familia, exaltando así a la familia como lugar privilegiado donde todos sus futuros hijos e hijas pueden ser criados en el amor.
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